La realidad de aprender defensa personal



Si hay algo significativo que diferencia a las artes marciales de los Sistemas de Defensa Personal (SDP) es la aparente mayor cercanía de los segundos a la realidad.


Esta realidad no es siempre bien interpretada y como pilar se suele establecer en los SDP desde una conceptualización más próxima a los parámetros fundamentales del arte que a los de la práctica mecánica de procedimientos de alta efectividad y probabilidad de aplicación.


Realismo y realidad son dos mundos diferentes que no pueden confundirse a priori. No debemos hacerlo en los supuestos filosóficos en los que se fundamentan los métodos, como tampoco podemos hacerlo en las estructuras de entrenamiento diseñadas para este tránsito entre la idea y la aplicación.


Las artes marciales comparten muchas características con otras artes precisamente en esta visión artística e irreal de lo que acontece en el desarrollo de su propia expresión. El arte difiere de la realidad en la medida en que intenta emularla mediante la ficción para provocar experiencias a las que no tenemos un acceso directo de antemano.


Según el escritor Jesús Vargas, la definición conceptual del término «ficción» se basa en tres fundamentos teóricos: uno epistemológico (fundamentado en la división entre objeto y sujeto), otro de carácter ontológico (que parte de los criterios del ser y de la materia), y uno más de índole gnoseológica (sobre la «verdad» que resulta de conjugar la Forma y la Materia).

Realismo y realidad son dos mundos diferentes que no pueden confundirse a priori.

En Crítica de la Razón Literaria, el filósofo Jesús G. Maestro conceptualiza la ficción como una materia sin existencia operatoria. Es por ello por lo que la ficción no puede operar en el mundo; en vez de poseer una existencia operatoria, dispone tan solo de una existencia estructural.



Esta conceptualización nos permite vislumbrar que algunos de los ejes de las artes marciales tradicionales, sin perder de vista su utilidad para llegar al mismo punto del potencial de autodefensa, son precisamente ahondar en esta existencia estructural. Los sistemas marciales tradicionales incluyen una transformación personal enorme desde la propia construcción ficticia de una realidad operativa de base.


Necesitamos explorar realidades inexistentes para establecer mecanismos operativos (estructuras) que sí tengan significado orgánico y emergencia residual en situaciones de reducida racionalidad, alta violencia y características intrínsecas Vuca (acrónimo descriptivo de entornos de alta volatilidad, alta incertidumbre, complejidad y/o ambigüedad).

la ficción no puede operar en el mundo; en vez de poseer una existencia operatoria, dispone tan solo de una existencia estructural.

Esta entrada surge precisamente de una reflexión sobre esta dicotomía entre realismo y realidad en el marco de un hilo de comentarios relativos a un vídeo de una sesión de defensa personal femenina que tratamos en nuestro grupo de entrenamiento. El vídeo en cuestión muestra al «profesor» descargando una serie de golpes de cierta intensidad en la cara de su alumna hasta llegar a una situación de clinch, momento en el que las respuestas que se suceden fluctúan entre lo innecesario, lo ilógico y lo irreal.


Al margen de numerosas cuestiones técnicas destacables, que requerirían otra entrada quizá aún más abultada que la presente, podemos observar que algunos de los comentarios pasan por alto algo tan importante como es la configuración de partida del escenario pedagógico.


Dar golpes en la cara a una alumna con esa intensidad no responde a ninguna necesidad formativa en ninguno de los supuestos lógicos de estudio. De entrada, tras el primer impacto inmerecido, el profesor debería haber advertido a su alumna de los déficits de guardia y haber reducido la intensidad de los golpes.



El primero en representar el autocontrol de las acciones debe ser el mismo profesor. Pese a ello, insiste en las acciones una y otra vez hasta que la alumna se agarra a él y realiza acciones absurdas que no tendrían lógica ante la asimetría de pesos, intenciones y movimientos que se producen dentro de la inercia natural del contexto.


Se obvian los puntos clave de ataque, se entra en un juego de dominio con alguien más poderoso físicamente, se utiliza como punto de golpeo de forma repetitiva la cabeza, y se reacciona de forma fantasiosa cuando el profesor saca un cuchillo de su cintura.


Para más inri, perdón por la expresión, la pasividad del profesor en esta última etapa contrasta con la actividad altamente ofensiva inicial; como si en el entramado de acciones la reacción natural de este no fuera potencialmente un crescendo sino que la energía de la acción decayese voluntariamente por el agresor.

Vuca (acrónimo descriptivo de entornos de alta volatilidad, alta incertidumbre, complejidad y/o ambigüedad).

Esto no es un entrenamiento realista. Es un mal entrenamiento con dosis de realidad innecesaria y sin un marco coherente situacional. Tampoco se observa una actitud de enseñanza y de mostrar las líneas lógicas de progresión ante esta situación desordenada. Ella aparentemente utiliza lo aprendido que es, lamento decirlo, malo, pobre e irreal.


En la enseñanza de los SDP se asumen responsabilidades importantes. Responsabilidades con las que nadie debe ni puede jugar por las consecuencias que pueden conllevar a la larga la introducción de respuestas automáticas mal planteadas.


En el marco del estudio y práctica de la lucha, hay que diferenciar los escenarios puros de estudio, los escenarios de testeo, los escenarios combativos de desarrollo de habilidades y los escenarios potencialmente impactantes. Estos últimos, sin necesidad de lastimar al alumnado, deben aumentar la intensidad de las acciones para aproximar la ficción lo más posible al entorno emocional propio de una agresión, pero sin perder nunca las líneas fundamentales de la coherencia.


Cualquier intento de socavar la realidad para generar un ambiente de mayor espectacularidad, de mayor complicidad (facilidad) entre el agresor y la defendida, tal y como es el caso, acaba generando falsas expectativas, patrones equivocados de reacción, distorsión del propio autoconcepto de la entrenada y, en el peor de los casos, entrar en situaciones en las que deberíamos salir de antemano.

El primero en representar el autocontrol de las acciones debe ser el mismo profesor.

La práctica de la defensa personal no es una garantía de invencibilidad, es un campo de estudio de la defensa en entornos violentos frente los que debemos, sí o sí, aumentar nuestra capacidad de protegernos. Debemos abordarla desde muchos ángulos que van, desde un enfoque puramente ofensivo a reacciones estratégicas que impliquen la disuasión, la anticipación y la observación bien orientada que precede a cualquier acción decidida.

Que nuestro monitor nos golpee con fuerza no es mejor; que nuestro monitor se entregue en situaciones en las que realmente no lo haría no es mejor; que nuestras acciones se dibujen desde la fantasía del impacto al oponente sin consecuencias en nuestra propia estructura anatómica no es mejor. Es preferible abordar estos supuestos con un incremento de la intensidad en base al aumento de muchos otros factores desarrollables.


Protecciones, objetivos combativos predefinidos, intensidad controlada con incrementos progresivos de carga, explicaciones directas significativas, reflexiones post lucha, estudio de los escenarios potenciales reales, aceptación de realidades negativas y una constante definición de nuestras debilidades y fortalezas de forma comparativa a la magnitud y gravedad de la situación a la que nos enfrentamos.


Estudiar y practicar SDP es una forma magnífica de mejorar nuestra seguridad, de prepararnos física y mentalmente para las adversidades de la vida, para conocer mejor cómo somos interiormente y cómo respondemos a los extremos sin caer en el pánico que conduce al desastre. Esa realidad comienza por aceptar la dureza de lo existente, la existencia real de personas sin escrúpulos que no tienen nada que perder cuando dan el paso definitivo.


Esa realidad se irá dibujando poco a poco a medida que nuestras capacidades crecen en el entrenamiento. Pero esto ocurrirá solo si este está bien diseñado, es realista y aborda la realidad con los márgenes naturales que la separan de la ficción. Saber diferenciar estos dos mundos en el entrenamiento y en la vida real es el principio de cordura sobre el que cualquier SDP debería fundamentarse.

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