¿Por qué cobramos la clase de prueba?

Cuando alguien se interesa por una actividad que todavía no conoce es completamente razonable que quiera probarla antes de tomar una decisión. En Academia Fluxus entendemos perfectamente esa necesidad. Conocer al profesor, experimentar la dinámica de la clase, descubrir el espacio y comprobar si una actividad encaja con nuestras expectativas forma parte natural del proceso de elección.
Lo que quizá resulta menos evidente es por qué una clase de prueba tiene un coste.
Durante mucho tiempo se ha extendido en numerosos centros deportivos, escuelas y academias la idea de que la primera sesión debe ser gratuita. Se ha convertido casi en una convención comercial: prueba primero y decide después. Sin embargo, una clase no deja de tener valor porque la persona que participa todavía no sea alumna del centro. Una clase de prueba es, ante todo, una clase. El profesor está trabajando durante ese tiempo exactamente igual que en cualquier otra sesión. El espacio está abierto, iluminado, acondicionado y preparado. Existe una programación, unos materiales, unos seguros, unos costes de funcionamiento y, sobre todo, un grupo de personas que ya forman parte de esa actividad.
Además, la incorporación de alguien nuevo requiere necesariamente una atención específica. Hay que explicar cómo funciona la sesión, presentar ejercicios, adaptar determinadas propuestas, comprobar que la persona comprende las indicaciones, responder preguntas y facilitar su integración en un grupo que posee una dinámica previa. Todo esto forma parte de nuestro trabajo y lo hacemos encantados. Recibir a alguien nuevo es también una oportunidad para que nuestra comunidad crezca. Pero sigue siendo trabajo.
la incorporación de alguien nuevo requiere necesariamente una atención específica
En Academia Fluxus creemos que reconocer el valor del trabajo profesional es también una forma de cuidar la enseñanza. Del mismo modo que consideramos normal pagar una sesión de fisioterapia, una consulta, una clase particular o cualquier otro servicio profesional aunque después decidamos no continuar, creemos razonable aplicar el mismo principio a una actividad dirigida por un profesional cualificado. El hecho de que una persona finalmente no se inscriba no significa que la sesión que ha recibido haya dejado de existir ni que el tiempo del profesor haya perdido su valor.

Existe además otra cuestión importante a tener en cuenta, y es que nuestras clases no son demostraciones preparadas para captar alumnos. Son espacios reales de aprendizaje. Quienes ya forman parte del grupo han organizado su tiempo, abonan regularmente su actividad y esperan recibir una sesión de calidad. Cada incorporación puntual obliga al profesor a introducir pequeñas adaptaciones para atender adecuadamente a quien llega por primera vez. Es algo completamente normal y asumible cuando ocurre ocasionalmente, pero se convierte en un problema cuando existe un flujo constante de personas que prueban gratuitamente distintas actividades sin una intención clara de continuidad.
nuestras clases no son demostraciones preparadas para captar alumnos
En ese escenario, el coste de las pruebas termina recayendo sobre alguien. Puede asumirlo el profesor mediante trabajo no remunerado, puede asumirlo el centro mediante sus gastos de funcionamiento o puede acabar repercutiendo indirectamente sobre quienes sí mantienen regularmente la actividad.
Nos parece más justo otro modelo. Por eso las clases de prueba en Academia Fluxus tienen un precio. Y cuando la persona decide incorporarse a la actividad, ese importe se descuenta de su primera cuota. En la práctica, quien termina formando parte del grupo no está pagando más por haber probado. Simplemente ha abonado la primera sesión antes de tomar su decisión.
Creemos que este sistema establece una relación mucho más equilibrada entre todas las personas implicadas. Quien viene a probar puede conocer realmente la actividad sin adquirir ningún compromiso posterior. El profesor ve reconocido su tiempo y su trabajo. El grupo mantiene una dinámica de enseñanza responsable. Y el centro puede continuar ofreciendo instalaciones, materiales y profesionales en condiciones adecuadas.
También existe un pequeño cambio de perspectiva que consideramos importante. Cuando algo se ofrece gratuitamente tendemos, muchas veces de manera inconsciente, a percibirlo como algo provisional, promocional o carente de compromiso. Nosotros preferimos que la primera experiencia de una persona en Academia Fluxus sea exactamente lo contrario, es decir, una clase real, impartida con la misma atención, preparación y profesionalidad que cualquiera de las siguientes.
No ofrecemos una muestra reducida de nuestro trabajo. Ofrecemos nuestro trabajo. Y precisamente porque queremos que cualquier persona pueda comprobar si una actividad encaja con ella antes de comprometerse, mantenemos la posibilidad de realizar una sesión de prueba sin obligación de continuar. La diferencia es simplemente que consideramos que una hora de enseñanza, atención y uso del espacio tiene valor desde el primer día.
Creemos que cuidar una comunidad también significa establecer relaciones justas entre quienes enseñan, quienes aprenden y quienes sostienen el espacio donde todo esto puede suceder. Y probablemente esa sea la mejor forma de empezar cualquier relación formativa:
reconociendo desde el principio el valor del tiempo, del trabajo y del aprendizaje.





















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